Hace algo más de ocho meses tome la decisión de salir de mi zona de confort y escaparme a un país diferente, de habla inglesa para, como la mayoría de personas que vienen a UK, practicar mi inglés y adquirir fluidez.

Aun recuerdo la última noche en mi habitación pensando en todo lo que echaría de menos las comodidades y el privilegio de vivir en un país como España. Pero el día había llegado y yo ya estaba aterrizada en Gatwick, con mi maleta perdida por el camino y llegando a una ciudad en la cual me esperaban un grupo de italianos para compartir piso.

La primera impresión fue buena, días soleados a los que me advirtieron que no me acostumbrara. Me estallaba la cabeza, todo el día pensando en como expresarme en inglés y conociendo gente nueva continuamente. Recuerdo estar impaciente por empezar las clases para poder hablar con propiedad, empezar a ser yo misma con todas estas personas que acababa de conocer.

Llego el día de comenzar, en una academia que resultó ser más que una academia, con profesores que resultaron ser mas que profesores y con unos alumnos que fueron mas que simples compañeros. Estábamos compartiendo experiencia, momentos, cultura… con lo que nos convertimos en una gran familia, la cual no deja de acoger miembros nuevos a la vez que despedir a los que se van. Momentos que son tan tristes como bonitos, llorando por la incertidumbre de volvernos a ver y agradeciendo que el destino nos hubiera unido en un país que no es el nuestro.

Si algo tiene Brighton es juventud, ambiente, arte callejero y buenas vibraciones. Parece pura magia conocer tantas personas como países en el mundo y que el idioma no suene a barrera.

Como todos los países, Inglaterra está llena de estereotipos, los cuales podría decir que Brighton los rompe todos. Ni el clima, ni la gente, ni los horarios se parecen a nada de lo que tenía pensado que sería.

Caminando por sus calles que parecen de cuento, te encuentras con rincones de lo más curioso, en los que la gente viene a dejar los prejuicios atrás y ser ellos mismos. Brighton esta lleno de personas que buscan una nueva vida, dejando despechos, penas y desamores atrás, personas que vienen a enamorarse cada día de los atardeceres en la playa detrás de las ruinas del antiguo Pier, de las miles de historias que se cuentan sobre el Royal Pavilion, de cómo aprender a ligar en cinco idiomas diferentes o de pararse en cada esquina a disfrutar del mejor cantante que has escuchado nunca.

Así que solo puedo decir que, querido Brighton, te elegiría una y mil veces.